Decidimos aplicar bisturí:
– Reducir bloques que repetían lo mismo con palabras distintas.
– Pasar párrafos enormes a frases simples.
– Reordenar la información según el orden mental de un cliente, no de la empresa.
– Destacar muy claro: qué haces, para quién y qué puede hacer la persona a continuación.
Cuando terminamos, la web decía menos cosas, pero decía mucho mejor lo importante.
El resultado fue muy rápido de notar: bajó el rebote, subieron las consultas.
No fue magia, fue cortar el ruido. Muchas webs no necesitan “más contenido”. Necesitan quitar todo lo que estorba para que el mensaje y el negocio puedan respirar.