Este cliente tenía mucho movimiento, muchos materiales, mucho “hacer”. Pero algo no encajaba.
En la web, eran sobrios y serios. En Instagram, casi parecían otra empresa: bromas, emojis, tono informal. En el dossier corporativo eran una gran compañía internacional. En los emails se les notaba inseguros. En las presentaciones habladas, eran cercanos y directos.
Todo era “ellos”, pero nada sonaba igual.
Antes de tocar nada de diseño, hicimos una radiografía de tono:
– Qué dicen.
– Cómo lo dicen.
– Qué sensación dejan.
– Qué incoherencias se repiten.
Luego vino la parte importante: decidir cómo quiere sonar esta marca de verdad.
¿Más cercana o más institucional? ¿Más directa o más elaborada? ¿Más conversacional o más formal?
Definimos ese punto medio y lo aterrizamos con ejemplos muy concretos:
– Así se responde un email.
– Así se abre una presentación.
– Así no.
– Así sí.
Después bajamos el tono a los distintos canales: web, dossier, redes, comerciales.
No cambiamos quiénes eran.
Sólo hicimos que sonaran como la misma persona en todas partes.
Meses después nos dijeron: “Ahora sentimos que la marca tiene una sola voz. Antes parecía que hablaban siete personas distintas.”
Eso es comunicación coherente.
No es hacer más. Es hacer que todo hable el mismo idioma.